La pena de muerte debe dilucidarla el Congreso

POR OLGA LÓPEZ OVANDO

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La discusión sobre la pena de muerte saltó a la palestra por iniciativa de las bancadas de oposición Patriota y Líder, que abogan por su reactivación.

Algunos sectores sociales califican esa medida de politiquera y electoral, mientras que profesionales del Derecho estiman que es necesario que el Congreso legisle a efecto de definir ese vacío legal.

En el 2005, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sugirió a Guatemala que regulara el recurso de gracia para los condenados a muerte, luego de que Portillo eliminara esa facultad del Ejecutivo, la cual está contenida en la Constitución Política de la República.

El último intento por resolver este impedimento legal se hizo en el 2008, cuando el Congreso aprobó un decreto que restituía la aplicación de la pena capital y otorgaba al presidente la facultad del indulto.

Sin embargo, el 15 de marzo de ese año, Álvaro Colom vetó la ley, con el argumento de que era inconstitucional. Desde esa fecha, la mayoría de jueces han evitado condenar a esa pena a secuestradores, asesinos, violadores y parricidas, que son los delitos a los que se puede aplicar, según el Código Penal.

Los últimos ejecutados

Luis Amílcar Cetino y Tomás Cerrate Hernández fueron los últimos reos ejecutados, en el 2000, por el secuestro y asesinato de Isabel Bonifasi de Botrán.

La decisión de Portillo de retirar la facultad al Ejecutivo para decidir sobre el recurso de gracia es la causa de que nadie tenga la potestad legal de firmar las ejecuciones, ni el condenado de solicitar el indulto.

A esto se suma la serie de recursos que los abogados de los sentenciados interponen para retardar su ejecución, afirmaron varios jueces. En otros casos dijeron que los reos acuden a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), para que la pena sea revocada, y por eso ha disminuido el número de condenados a muerte.

En el Juzgado Primero de Ejecución se encuentran pendientes cuatro condenas a muerte, y seis en el Segundo, según el Centro Nacional de Análisis y Documentación Judicial.

Voluntad política

De acuerdo con el abogado Álvaro Castellanos, falta voluntad de parte del Congreso para desentrampar el vacío legal, porque con el voto de dos terceras partes de los diputados se puede emitir una ley que establezca a quién corresponde conceder el indulto.

Agregó que mientras no se regule el recurso de gracia, no se podrá aplicar la pena de muerte a quienes hayan sido sentenciados por los tribunales de justicia.

Desde febrero último, la Mesa de Seguridad y Justicia del Congreso ofreció impartir un taller para definir quién será el responsable de confirmar la pena o perdonar la vida a sentenciados a muerte.

Una de las propuestas que se encuentran en el Legislativo es que el recurso de gracia quede en manos de los 13 magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

Otras mociones buscan que sea el Congreso en pleno quien decida, y otras, que la responsabilidad recaiga de nuevo sobre el presidente de la República.

Tradición

Expertos apuestan por esta última propuesta, y opinan que no sería conveniente delegar esa responsabilidad en la CSJ, sobre todo porque no estaría apegado a derecho que los magistrados, luego de emitir resoluciones sobre apelaciones de las sentencias, pudieran revocar tales fallos.

“Cuando dicen que sea la Corte Suprema de Justicia la que otorgue el indulto, sí se estaría contraviniendo la ley, porque un tribunal es el que fija las penas para un reo”, explicó el abogado René Arturo Villegas Lara.

El constitucionalista ve dos salidas: reformar la Carta Magna o denunciar el Pacto de San José, para abolir la pena capital.

“No soy partidiario de la pena de muerte, y considero que en lugar de ese castigo los jueces deben condenar a la pena máxima de 50 años”, comentó.

Alejandro Balsells, del Centro de Defensa de la Constitución, explicó que el indulto no debe ser potestad del ámbito judicial.

“El indulto es un concepto humanitario, y no hay una ley que determine quién debe conceder este beneficio, por lo que el Legislativo es el que debe legislar para aclarar esta situación”, aseveró.

Balsells indicó que no es necesario que se denuncie el Pacto de San José, porque lo que este señala es que no puede aplicarse la pena de muerte a nuevos delitos, sino solo a los que estaban vigentes cuando el Estado de Guatemala suscribió esa convención.

Igual que sus colegas, Balsells manifestó su desacuerdo con la pena capital, porque considera que no tiene un efecto disuasivo sobre el delincuente.

Explicó que también pueden existir errores judiciales en los fallos de los condenados a muerte, y recordó que el país tiene un sistema judicial con muchas carencias.

“En el país tenemos un sistema judicial muy débil para aplicar esas penas”, enfatizó Balsells.

Consulta a la CC

El experto Ricardo Sagastume señaló que el indulto es una decisión que debe resolver el Congreso, y estimó que debería consultarse a la Corte de Constitucionalidad (CC) sobre el camino que se debe seguir.

“El Legislativo o el presidente Álvaro Colom deben efectuar esa consulta a la CC, para que se fijen las condiciones y competencias para definir el tema”, manifestó el constitucionalista.

Agregó que la pena de muerte no sería necesaria si el Gobierno impulsara políticas de combate de la pobreza y delincuencia, con medidas económicas y sociales que compensen las carencias de la población.

Se debe aplicar

Para Eleonora Muralles, de Familiares y Amigos contra la Delincuencia y el Secuestro, la pena de muerte se debe aplicar, porque figura en la legislación guatemalteca.

“En cuanto a si debe existir o no, como agrupación creemos que en las sociedades debe haber respeto a la vida, pero somos respetuosas de las leyes”, subrayó.

Mario Minera, del Centro de Acción Legal para los Derechos Humanos, expuso lo contrario, y aseguró que el Estado de Guatemala está obligado a garantizar la vida de las personas y la justicia.

“Como organización de derechos humanos consideramos que lo fundamental es que el Estado se comprometa a hacer funcionar la administración de justicia, a efecto de que se persigan los delitos que fomentan la impunidad”, comentó.

Las fuentes consultadas esperan que el Congreso resuelva lo antes posible este vacío legal, y que los políticos no utilicen el tema de la pena capital únicamente con el objetivo de ganar apoyo para las elecciones del 2011.

Ese castigo volvió al centro del debate político a causa del incremento de asesinatos y la ola de delincuencia que azotan al país.

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El grupo de Apoyo Mutuo GAM publica su informe semestral

Ver informe completo en http://www.gam.org.gt

La situación de violencia en Guatemala se encuentra en una fase crítica, esto no solo porque los índices de muertes están repuntando, sino que el nivel de percepción de los guatemaltecos y guatemaltecas continua siendo de temor; los crímenes que se han cometido durante el primer trimestre de 2010 tienen lacaracterística de presentar mayor brutalidad saña y crueldad, esto nos hace pensar que pueden estar siendo dirigidos por sociópatas, que desean paralizara la sociedad en su conjunto, para que en momentos en que se incrementen los hechos de sangre, se vean en situación de “normalidad”.Las personas heridas por causas violentas muestran un aumento del 50% en relación con el año 2008, lo cual explica el sentimiento constante deinseguridad en el que se vive en el país. Aunado a ello, las mujeres, niños y niñas quienes son las personas más vulnerables a repetir estos actos violentosy a ser las víctimas más próximas, no reciben ni la atención adecuada ni mucho menos la inversión que se amerita para cada caso.Los hechos concretos señalan que la sociedad guatemalteca está viviendo un incremento de la violencia, mismo que no se veía desde periodos del conflictoarmado interno. Estos hechos ocurren frente al Estado, que durante la administración gubernamental actual solo ha queda como espectadora, sinimpulsar ninguna política de seguridad. Los informes que el Grupo de Apoyo Mutuo entrega tanto a la comunidad nacional e internacional, son informes alternativos a los realizados por lasinstituciones de gobierno, proporcionado información desde la perspectiva de la sociedad civil.

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Fin a las bombas de racimo

Entidades humanitarias y organizaciones no gubernamentales celebran la entrada en vigor el próximo domingo de la Convención que prohíbe la producción y el uso de bombas de racimo y esperan que se adhieran al acuerdo aquellos países que aún no lo han hecho y que son los principales productores.

La Convención que denega el uso, desarrollo, fabricación, adquisición y almacenamiento de las bombas de racimo y mejora la asistencia a las víctimas fue firmada en Oslo en diciembre de 2008, y para su entrada en vigor era precisa la ratificación de un mínimo de 30 países firmantes.

“El domingo es un día de celebración, es la concreción de un sueño que parecía imposible y que ha hecho realidad la voluntad de la sociedad civil con la ayuda de algunos estados”, señaló Thomas Nash, de la Colación Contra las Armas de Racimo, entidad que agrupa a más de 300 ONGs.

Alrededor de un centenar de países firmaron el tratado internacional, y hasta la fecha, 37 de ellos lo han ratificado, pero los principales productores, como Estados Unidos, Rusia y China, no lo han firmado.

Consultado sobre la fuerza y la utilidad de una Convención que no incluye a los principales productores ni tampoco a países con conflictos armados vivos o latentes, como India, Pakistán o Israel, Nash contestó que lo importante es el precedente y la fuerza “estigmatizadora” del mismo, y se mostró convencido de que tarde o temprano se unirán al mismo.

“Claro que nosotros queremos que todos formen parte del acuerdo, pero debemos recordar que ya se ha conseguido que las fuerzas de la OTAN no las usen desde 2003″, señaló.

“Además, a partir del domingo, los países que las usan serán cada vez más estigmatizados”, agregó Nash, quien explicó que tras el conflicto entre Rusia y Georgia en Osetia del Sur, ambos países negaron el uso de bombas de racimo, a pesar de que sí las utilizaron.

Las bombas de racimo contienen en su interior cientos e incluso miles de mini-bombas que pueden matar en un radio de 15 metros, y se mantienen activas durante más de 40 años por lo que son altamente peligrosas para la población civil.

“Uno de los principales argumentos para su prohibición es el hecho de que ya no son útiles para los objetivos militares buscados. Son una reliquia de la Guerra Fría, cuando se querían impedir invasiones terrestres”, explicó por su parte Peter Herby, Jefe de la unidad de Armas del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Tomado de http://www.emol.com/noticias/internacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=427561

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CC falla en torno a Ley de Armas

La Corte de Constitucionalidad (CC) dejó en vigencia los artículos 72 y 146 de la Ley de Armas y Municiones que en mayo fueron impugnados porque supuestamente violaba la Carta Magna en su artículo 15, en cuanto a la cantidad de armas que debían registrarse.

La sentencia declara sin lugar la inconstitucionalidad promovida contra la palabra y frase indicadas, del artículo 72 y el segundo párrafo del artículo 146, ambos de la Ley de Armas y Municiones, Decreto 15-2009 del Congreso de la República. Además, emite la siguiente reserva interpretativa: “Como efecto interpretativo de esta sentencia, se deberá observar que, la palabra “la” y la frase “hasta tres (3)” contenidas en el artículo 72 de la Ley cuestionada, no significa que después de registradas tres armas en el documento correspondiente, impida el derecho de llevar a cabo nuevos registros, mismos que deberán hacerse cumpliendo las decisiones legales”.

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La escuela y la cultura de la violencia

Por Virgilio Alvarez Aragon – Guatemala, 28 de julio de 2010

La amplia cobertura que desde distintos medios informativos se ha dado a la violencia puede hacer suponer que es en Guatemala un problema. Si bien los niveles de salvajismo y atrocidad parecen serlo —femicidio y decapitación— la violación y tortura a las mujeres, así como el descuartizamiento de los detenidos se practicó ya en la época del Estado contrainsurgente como una forma de destruir a los opositores. El tiempo ha pasado y en el ilusorio y desigual proceso civilizatorio de nuestras relaciones estas prácticas nos resultan, a veces y según la víctima, no sólo despiadadas sino execrables. Pedimos insistentemente al Estado que las combata y las castigue, ahora de nuevo con la gritería cuadrienal a favor de la pena de muerte. Los fundamentos de nuestros comportamientos, pues, no se han modificado: seguimos pidiendo que la sangre se combata con sangre, exigiendo que a la violencia privada se le responda con violencia pública como antaño se hizo con el pensamiento y accionar opositor.

En este escenario los niños resultan siendo más que simples espectadores, aprendiendo que los comportamientos criminales y violentos no sólo son la manera de actuar de los transgresores sino que es la exigencia por el comportamiento del Estado y sus aparatos de coerción. La violencia se muestra sin recato en todos los medios de información y se narra y comenta en todos los espacios públicos sin mayor crítica o reflexión.

En el salón de clase, tanto en las escuelas públicas como privadas, la violencia es el pan de todos los días. Sin dar a los sucesos mayor tratamiento, niños y adolescentes reciben informaciones incompletas, inconclusas y hasta tergiversadas de los hechos violentos cotidianos. Maestros y directores no se han preocupado en discutir y profundizar las causas y consecuencias de la violencia, mucho menos en tratar de entender, ellos mismos, el papel preponderante que los centros escolares tienen en la formación de una cultura de paz o de una cultura de la violencia como la que tenemos.

En el sistema escolar no hemos enfrentado con denuedo, persistencia y radicalidad las causas de la violencia. Los niños oyen por doquiera la reiterada cuadrienal demanda por la pena de muerte sin enterarse siquiera que los seres humanos debemos respetarnos en nuestras diferencias y que de nuestro comportamiento depende en mucho la pasividad o violencia de los otros. Oyen de los ataques a los pilotos de los autobuses urbanos capitalinos pero no logran ser instruidos en la importancia de la denuncia a tiempo. Como sociedad no valoramos al policía, como tampoco valoramos al maestro. En nuestro contradictorio orden de valores estos son simples empleados que todos acusan de tramposos o haraganes y que en los grupos más privilegiados se les considera parte de los pobres de la sociedad que identifican como “choleros”.

La escuela pública, convertida desde las épocas del Estado contrainsurgente en depósitos de niños atendidos por empleados que no fueron seleccionados por su calidad sino hasta hace muy poco por sus relaciones familiares o por ser activistas de algún candidato a puesto de elección, no ha podido ser el espacio social donde el respeto a la vida y a la integridad de los demás sea una de sus más reiteradas y efectivas actividades y reflexiones, como tampoco lo ha sido para los centros privados que más que enseñar y educar para la convivencia simplemente se interesan en persistir en marcar la diferencia entre ricos —sus alumnos— y los pobres: aquellos que necesitan de la enseñanza pública.

En tanto las escuelas públicas y privadas no se propongan como principio pedagógico construir una sociedad de respeto mutuo y estima por la vida, integridad y libertad de los otros, poco o nada podremos avanzar en el combate a la violencia. Así convirtamos el país en un gran campo de concentración seguirán asesinándose choferes, descuartizando contrincantes y asesinándose mujeres.

Fuente: www.sigloxxi.com

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